
Lizeth Arango Meneses
Rectora de la Institución Educativa Gimnasio La Salada
Editorial
Saludo cordial a todos los presentes, miembros de la mesa principal: Aris Mining, Alcaldía de Segovia, Alcaldía de Remedios, Fundación Angelitos de Luz, representantes de Secretarías y dependencias de Gobierno, familias de nuestra comunidad educativa, invitados especiales y, especialmente, saludo fraterno a ustedes graduandos, que son el centro de esta ceremonia.
En nombre de la Fundación Angelitos de Luz, de su Directora Natalia Marín Hernández y en el mío propio, sean todos ustedes bienvenidos a esta celebración de la tercera generación de la Institución Educativa Gimnasio La Salada. Hace tres años, en la primera ceremonia de graduación, confesé que, pese a mi experiencia en el sector educativo, nunca imaginé asumir el rol de rectora. Hoy, también lo confieso, es un verdadero privilegio liderar este Proyecto Educativo Institucional con las calidades y condiciones que procuran día a día tantos actores: Aris Mining, que sigue demostrando que su inversión no es solo filantrópica, sino una apuesta por el desarrollo sostenible del territorio y la construcción de paz desde la educación; Fundación Angelitos de Luz, que ha asumido con tenacidad y responsabilidad la administración institucional y ha creído en una educación inclusiva como un modelo donde todos tienen derecho a aprender, participar y ser valorados por quienes son; directivos docentes, docentes, administrativos y personal de apoyo de la Institución, que, en la sinergia, dinamizan día a día la visión y el compromiso con cada decisión que toman en su puesto de trabajo. El aporte de cada uno de ustedes es invaluable. Gracias por demostrar que es posible construir futuro desde la confianza, la corresponsabilidad y el amor por lo que hacemos, poniendo siempre en el centro el bienestar y la formación con calidad de cada niño, niña y adolescente.
Honro profundamente este momento, estimados graduandos, porque con ustedes especialmente hice un recorrido en la etapa más decisiva de su formación. Cuando llegué a esta Institución, ustedes cursaban el grado noveno y, desde entonces, fui testigo de su transformación: vi cómo la inquietud se convirtió en propósito, cómo la curiosidad se volvió disciplina, cómo la timidez y los nervios para hablar en público dieron paso al brío y la seguridad de quien cree en sus propias capacidades. Hoy ya no son esos mismos estudiantes; son jóvenes con una personalidad forjada en la experiencia, con la certeza de que tienen el poder para asumir sus destinos y salir con valentía a encontrarse con la Vida.
Hace muchos años y de manera errónea, me enseñaron en la Universidad que la palabra alumno significaba “sin luz”. La palabra alumno viene del latín alumnus, que a su vez proviene del verbo alere y en realidad significa alimentar, nutrir, hacer crecer, criar. Ustedes, futuros bachilleres, en toda la trayectoria formativa han sido alimentados para crecer. Crean en eso. Ese crecimiento dependerá siempre de la convicción de lo que puede lograr cada uno de ustedes, de la capacidad de soñar en grande y no rendirse, de la fe y la verdad que hay en que sí pueden hacer la diferencia. No egresan de esta institución sin luz, eso es seguro.
Dondequiera que vayan después de hoy —a una universidad, a un trabajo, a una nueva comunidad—, lleven consigo la certeza de que su presencia marca la diferencia. No esperen que las condiciones sean perfectas para actuar; ustedes son quienes hacen que las condiciones mejoren con su ejemplo, con su integridad, con su capacidad de escuchar. Vean a los ojos la otredad, conversen y actúen desde la empatía, elijan siempre construir puentes que humanicen la cotidianidad, sean amables, sonrían ante la adversidad, agradezcan con humildad lo que pierdan y sean lo suficientemente inteligentes para elegir sus nuevas relaciones, amistades y batallas.
Cuídense. Que la vieja data aprendida para resistir, discutir, esconderse, aguantar y seguir adelante sin importar el costo, siga siendo transformada hasta conquistar terrenos más sensibles y sutiles. Cuiden su salud mental, sus emociones, su relación consigo mismos. Priorícense. Ese será el acto de mayor responsabilidad de aquí en adelante. Sean la persona justa y ecuánime que defiende al que no tiene voz, el profesional que trabaja con excelencia y ética, pero sin olvidar de dónde vienen, el ciudadano que entiende que el verdadero éxito no se mide en lo que acumula, sino en lo que transforma. Todos los días tomen la decisión de ser y hacer la diferencia.
Hoy, al recibir sus diplomas, no solo reciben un título académico, y me encantaría poder transmitir la magia y la trascendencia de este momento; van a recibir las llaves para abrir las puertas que sueñan; hoy, se acaban las fantasías y empezarán a ver brújulas y sus propios mapas, para salir al encuentro con su propia vida. No tengan miedo y si lo sienten, abrácenlo, úsenlo para impulsarse. El conocimiento que han adquirido en estas aulas es mucho más que información, recuerden a cada uno de sus profesores, recuerden el propósito de haber estado aquí. Hoy adquieren el deber moral de usar ese conocimiento, no solo para su beneficio personal, sino para que una comunidad, la que elijan, también se nutra y crezca con ustedes. Lideren. Estoy segura de que, desde donde estén, con lo que sean y hacia donde vayan, van a dejar una huella imborrable.
Familias, este también es un logro de ustedes y los felicito por este hito en la vida de sus hijos e hijas. Les agradezco inmensamente su confianza en nuestra institución y en lo que procuramos día a día. Gracias por creer en la educación como un camino que dignifica y entrega esperanza. Gracias por su acompañamiento, por su esfuerzo económico, por sus horas de trabajo. Gracias por su fe, por su valentía, por seguir adelante cuando no sabían que hacer. Gracias por seguir regando la raíz de la educación de sus hijos e hijos y… Gracias por no soltarlos de la mano y llegar hasta este momento.
Gracias docentes. Para mí sigue siendo un honor trabajar a su lado, nos debemos a los alumnos sí, pero los necesitamos a ustedes. Su paciencia infinita, su capacidad única de ver el potencial donde otros solo ven dificultades, su persistencia, su disposición, su influencia, también vienen a honrar este momento. Ustedes son el corazón latente de esta institución, los que transforman el conocimiento en vida, los que convierten el aula en un espacio de crecimiento. Gracias por no rendirse nunca y por creer en cada estudiante, incluso cuando ellos mismos no lo hacían.
¡Lo lograron, graduandos! Esta no es una despedida, es el comienzo de todo lo que están llamados a ser. Recuerden que esta siempre será su casa. Para nosotros es un orgullo proclamarlos como la tercera promoción 2026, en 77 años de historia de la Institución Educativa Gimnasio La Salada.
¡Felicitaciones a todos ustedes y muchos éxitos!
Con cariño,
Lizeth Arango Meneses
Rectora


